sábado, septiembre 16, 2006

Albert DeSalvo



También víctima de una infancia conflictiva, Albert De Salvo tuvo desde niño una clara tendencia a la práctica del sadismo. Uno de sus pasatiempos infantiles favoritos era retener un gato sin darle de comer durante días para después llevarle un cachorrillo de perro y contemplar cómo el gato le arrancaba los ojos y se los comía.

Ya adulto, De Salvo se enroló en la marina, se casó y mantuvo una vida conyugal aparentemente normal durante años, sin que nadie pudiera sospechar la naturaleza del hombre que parecía un correcto esposo y un buen padre de familia. A principio de la década de los sesenta, conocido por la policía como el «Hombre verde», asaltó y violó a literalmente cientos de mujeres jóvenes. Al mismo tiempo, la policía investigaba el caso del denominado «Estrangulador de Boston» sin saber que se trataba de la misma persona. De Salvo cometía al tiempo que sus asaltos una serie de horribles asesinatos eligiendo como víctimas a mujeres progresivamente más y más jóvenes a las que sometía a todo tipo de vejaciones.

Detenido por el caso del «Hombre verde», sus confesiones a un compañero de celda en la institución mental en la que fue recluido sirvieron para identificarle también como el famoso estrangulador. De Salvo nunca fue condenado por otros crímenes que no fueran sus asaltos y violaciones, librándose de la condena a muerte a cambio de otra de cadena perpetua. De poco le sirvió. En 1973 fue asesinado por otro recluso

Tags

1 comentario:

Radikal dijo...

Merecía ser asesinado.